por Jordi Torné, 2025-03-12
Imagínese su cadena de suministro como una inmensa tubería por la que fluyen sus productos, desde el proveedor hasta el cliente final. Ahora, sea honesto: ¿cuántos tramos de esa tubería son transparentes y cuántos son completamente opacos?
Para la gran mayoría de las empresas, la logística sigue siendo una "caja negra" en muchos puntos. Saben lo que entra en el almacén porque hay un albarán, y saben lo que sale porque hay una factura. Pero, ¿qué pasa en el medio? ¿Qué pasa con los activos que se mueven entre sedes? ¿Dónde están exactamente esos contenedores retornables caros que parecen desvanecerse en el aire? Y lo más crítico: ¿cuánto stock real y utilizable tengo ahora mismo para cumplir con ese pedido urgente?
Como experto en gestión de activos fijos y rastreo, he visto cómo la incertidumbre es el veneno más común en la logística moderna. La cadena de suministro es, por naturaleza, impredecible. Un camión se avería, un proveedor se retrasa, un cliente duplica su pedido sin previo aviso. Si a esta volatilidad externa le sumamos una gestión interna basada en hojas de cálculo desactualizadas y recuentos manuales, el resultado es el caos operativo.
Este artículo no trata sobre futuros lejanos ni tecnologías de ciencia ficción. Trata sobre una realidad muy práctica: cómo pasar de "creo que tenemos stock" a "sé exactamente dónde está cada unidad", y cómo plataformas accesibles como Bambeo están democratizando este control. A través de un caso práctico simulado, basado en problemas reales de cientos de empresas, veremos cómo el seguimiento automatizado es el salvavidas que la logística necesita.
Antes de hablar de la solución, entendamos el dolor. La mayoría de las empresas con las que trabajo, antes de modernizarse, operaban bajo lo que llamo "gestión reactiva".
Funcionaba así: Alguien en el almacén notaba que quedaban pocos palés de un producto crítico. Esa persona avisaba (o se le olvidaba avisar) a compras. Compras hacía un pedido urgente (pagando sobrecostes por la urgencia). Mientras tanto, llegaba un pedido de un cliente importante y... sorpresa: rotura de stock. No se puede servir. El cliente se enfada, las ventas se pierden y el estrés se dispara.
El otro extremo del problema es igualmente malo: el exceso de stock "por si acaso". Como no confiamos en nuestros datos de inventario, compramos de más. Esto inmoviliza un capital enorme que podría usarse para crecer, ocupa espacio valioso en el almacén y aumenta el riesgo de que los productos caduquen o se vuelvan obsoletos.
El núcleo del problema es la desconexión entre la realidad física (lo que realmente hay en el suelo del almacén o en tránsito) y la realidad digital (lo que dice el sistema informático o el Excel). Esa brecha se llena con ineficiencia, llamadas telefónicas frenéticas y correos electrónicos buscando activos perdidos.
Aquí es donde entra la tecnología, pero no se asuste. No necesitamos hablar de algoritmos complejos ni de ingeniería avanzada. El concepto es muy simple: se trata de dar una "identidad digital" a sus cosas físicas.
Imagine que cada palé, cada contenedor importante, o incluso cada lote de productos de alto valor, pudiera "levantar la mano" y decirle al sistema: "Estoy aquí", "Me estoy moviendo hacia la salida", o "Cuidado, solo quedamos tres como yo en la estantería".
Esto es lo que hace el Internet de las Cosas (IoT) aplicado a la logística. Mediante el uso de etiquetas inteligentes, sensores o códigos avanzados adheridos a sus activos, estos pueden comunicarse automáticamente con un sistema central.
El cambio de paradigma es brutal:
Antes: Un humano tenía que ir con una libreta (o un escáner) a buscar el activo para saber dónde estaba y contarlo.
Ahora: El activo informa automáticamente de su presencia y ubicación sin intervención humana.
Esto nos lleva al control de stock en tiempo real. Ya no es una foto fija del inventario que se tomó ayer por la mañana y que ya está obsoleta. Es un vídeo en vivo de lo que está ocurriendo en su operación.
Para ilustrar el impacto, tomemos el ejemplo de una empresa ficticia, "Distribuciones y Logística Norte", que representa los desafíos típicos de una empresa mediana en crecimiento.
La situación inicial: Esta empresa distribuye componentes industriales. Tienen un almacén central y dos delegaciones más pequeñas. Su dolor de cabeza principal eran dos cosas:
Roturas de stock inesperadas: A menudo, el sistema decía que tenían 50 unidades de una válvula crítica en la delegación B, pero cuando iban a buscarla, solo había 10. Las otras 40 se habían usado, movido o perdido, y nadie había actualizado el sistema.
Pérdida de activos retornables: Utilizaban unos contenedores metálicos especiales y caros para transportar piezas pesadas entre sus sedes y clientes clave. Perdían un 15% de estos contenedores al año porque simplemente "desaparecían" en la ruta, costándoles miles de euros en reposiciones.
La intervención con seguimiento automatizado: La empresa decidió que no podía seguir operando a ciegas. Implementaron un sistema de seguimiento en tiempo real.
Etiquetado: Colocaron etiquetas de rastreo robustas en sus contenedores metálicos retornables y sensores más sencillos en las ubicaciones de almacenamiento de sus 200 productos de mayor rotación (los que siempre daban problemas).
La visibilidad: De repente, el jefe de operaciones, llamémosle Javier, tenía un mapa en su pantalla. Podía ver exactamente dónde estaba cada contenedor metálico: si estaba en el almacén central, en tránsito en un camión, o parado en las instalaciones de un cliente desde hacía dos semanas (lo que le permitió llamar al cliente y recuperarlo).
El control de existencias: En el almacén, ya no dependían de que un operario contara las válvulas. El sistema detectaba automáticamente cuándo los productos entraban o salían de una zona determinada. El inventario se actualizaba solo, en tiempo real, cada vez que una carretilla movía un palé.
El resultado: Automatización y paz mental: El cambio más dramático no fue solo "ver" las cosas, sino lo que el sistema podía hacer con esa información.
Implementaron reglas de reabastecimiento automático. Antes, Javier tenía que revisar listas para decidir qué pedir. Ahora, el sistema estaba configurado: "Cuando el stock de la Válvula Tipo X baje de 20 unidades en el almacén central, genera automáticamente una orden de compra al proveedor habitual por 100 unidades".
La logística de "Distribuciones Norte" pasó de ser una fuente de incendios diarios a una máquina bien engrasada. Las roturas de stock de productos críticos cayeron un 95%. La pérdida de contenedores metálicos se redujo a casi cero. Y Javier recuperó unas 10 horas a la semana que antes dedicaba a perseguir inventario fantasma.
Quizás lea el caso práctico anterior y piense: "Suena genial, pero también suena complicado y caro de implementar para mi empresa, que no tiene un departamento de TI enorme". Esa es una preocupación válida, y es exactamente la barrera que plataformas como Bambeo han venido a derribar.
Bambeo es la pieza que hace que todo esto funcione sin necesidad de que usted sea un experto en tecnología. Bambeo no es una empresa de hardware; es la plataforma inteligente que da sentido a los datos.